lunes, 29 de diciembre de 2014

“¿Saben lo irónico sobre el cortarse? Cuando lo haces accidentalmente te duele como la mierda; en cambio cuando te lo haces tú, el dolor nunca es suficiente."
-1998


domingo, 28 de diciembre de 2014

¿Te quieres suicidar?

¿Te quieres suicidar? Imagínate esto.
Llegas un día de las escuela. Otra vez tuviste un día horrible. Tu estas lista para darte por vencida. Entonces vas a tu habitación, cierras la puerta, y sacas esa nota suicida que escribiste y escribiste y volviste a escribir. Sacas esas navajas para rasurarse, y te cortas una última vez. Tomas la pequeña botella de pastillas y te las tomas todas. Acostándote apretando la nota contra tu pecho, cierras tus ojos para siempre. Unas horas más tarde, tu hermano pequeño toca tu puerta para decirte que la cena esta lista. Tu no respondes, entonces decide entrar. Todo lo que ve es a ti acostada en tu cama, así que él piensa que estas dormida. Le dice a tu mamá esto. Tu mamá va a tu cuarto para despertarte. Ella nota que algo está mal. Ella toma el papel que está en tu mano y lo lee. Sollozando, ella intenta despertarte. Ella grita tu nombre. Tu hermano pequeño, muy confundido, corre a decirle a tu papá: "Mami, está llorando y _________ no despierta".
Tu papá corre a tu habitación. El ve a tu mamá llorando, apretando esa nota contra su pecho. Sentada junto a tu cuerpo sin vida. El se da cuenta de lo que está pasando y grita. El grita y comienza a arrojar cosas a la pared. Y después, tirado de rodillas, el comienza a llorar. Tu mamá se arrastra para estar junto a él, y se sientan ahí, abrazados, llorando. El día siguiente en tu colegio, hay un anuncio. El director les dice a todos sobre tu suicidio. Tarda unos segundos para que todos capten, y cuando lo hacen, todos están en silencio. Todos están culpándose a si mismos. Tus profesores piensan que fueron demasiados duros contigo. Esas "malas" chicas populares, se ponen a pensar en todo lo que te decían. El chico que solía molestarte y ponerte sobrenombres, el no sabe qué hacer más que odiarse a sí mismo, por nunca haberte dicho lo hermosa que eras en realidad. Tu ex novio, el que también te dijo todo eso, ese que rompió contigo... No lo puede controlar. Se derrumba, comienza a llorar y se va corriendo de la escuela. ¿Tus amigos? Ellos también están sollozando, pensando en cómo no se pudieron dar cuenta de que algo estaba mal, deseando haber podido ayudarte antes de que fuera muy tarde. ¿Y tú mejor amiga? Ella está en shock. No lo puede creer. Ella sabía por lo que estabas pasando, pero nunca pensó que fuera tan mal... Que fuera tan mal para ti como para acabarlo. Ella no puede llorar, no puede sentir nada.
 Ella se para y sale del salón de clases y se tira al piso. Temblando, gritando pero las lágrimas siguen sin salir. Ya pasaron unos días, ya es tu funeral. Todo el pueblo asistió. Todos te conocían, esa chica de la gran sonrisa y la hermosa personalidad. La que siempre estaba ahí para todos, el hombro en el que podías llorar. Muchas personas hablan de los buenos recuerdos que tenían contigo. Todos están llorando, tu hermano pequeño sigue sin saber que te suicidaste, todavía es muy joven. Tus padres le dijeron que habías muerto. Le duele. Eras su hermana mayor, se suponía que ibas a estar ahí para él. Tu mejor amiga sigue siendo fuerte durante todo el funeral, pero a la hora de ver como bajan el ataúd al suelo, se descontrola. Ella llora y llora por días y no puede parar. Ya pasaron dos años. Todo el colegio habla con un psicólogo, mínimo una vez a la semana. Esas chicas que solían molestarte, tienen problemas alimenticios. El chico que solía molestarte, se corta. Tu ex novio ya no sabe lo que es amar, sólo se acuesta con chicas. Todos tus amigos cayeron en la depresión. ¿Tú mejor amiga? Intento suicidarse, no pudo, pero lo intento. ¿Tu hermano? Ya sabe toda la verdad sobre tu muerte. El se lastima, llora por las noches, hace exactamente lo mismo que tu hacías hace unos años. ¿Tus papás? Su matrimonio se destruyó. Tu papá se Volvió alcohólico para olvidar tu muerte. A tu mamá le diagnosticaron depresión y se la vive acostada en su cama todo el día. A la gente le importa. Tal vez no pienses eso, pero les importas. Tus decisiones no sólo te afectan a ti. Le afecta a todos. No acabes con tu vida, tienes mucho por vivir. Las cosas no pueden mejorar si te rindes. Estoy aquí para lo que necesites, no importa si no nos conocemos o nunca hemos hablado. Aquí estoy para ti...

-1998

lunes, 24 de febrero de 2014

Me enamoré

Me enamoré de como sonríes a la mitad de cada beso, me enamoré de tu forma de ser y no de tu físico, me enamoré de la manera en que me abrazabas y me hacías sentir tan inmortal, de la manera en que me decías "todo estará bien" y después besabas mi frente, me enamoré de ti...
-1998

sábado, 22 de febrero de 2014

Sangre en el bosque

-Los días más importantes en la vida de una persona son los más inesperados, aquellos en los que el azar es protagonista y nada está planeado previamente. El día de mi decimotercer cumpleaños iba a suponer sin yo saberlo, uno de los que sin duda, marcarían mi destino sin poder remediarlo. Aquel día me despertó la luz cegadora que entraba a través de la ventana de mi habitación. No hacía falta mirar el reloj, sabía que una vez más, llegaba tarde a clase.
Me levanté, me vestí a a toda prisa y bajé las escaleras esperando que mi padre aún no hubiese llegado a casa. Aquella semana le tocaba el turno de noche en la fábrica y no le hubiese gustado nada encontrarme allí al llegar. Era la tercera vez en una semana que me quedaba dormida…
Por mi madre no tenía que preocuparme, seguro que, como cada día, seguía postrada en la cama sin ganas de levantarse. De hecho me extrañó que aquella mañana no fuesen sus gritos y lamentos lo que me despertara. Hace años que no mantengo una conversación con ella. Nuestra relación se limita a mi ignorancia y a sus reproches. Pretende continuamente hacerme sentir culpable por haber nacido, según ella soy el fruto de su infelicidad… de su depresión.
Salí de casa de puntillas y apresuré el paso hacia la parada del autobús. No tendría suerte, el próximo no pasaría hasta pasada la media hora. Decidí finalmente ir andando, tomaría el atajo del camino de tierra, sabía que no debía pasar por allí, pero me daba igual, no tengo miedo a nada, además tenía que darme prisa o ni siquiera llegaría a la clase de matemáticas, la que más odiaba.
Hace un calor anormal para el mes de mayo, no soporto sudar . Mis zancadas son cada vez más cortas, estoy cansada de andar, tengo los zapatos llenos de tierra y los cordones desabrochados. Exhausta, decido sentarme debajo de un árbol, total, ya no valía la pena correr…además, ¿ A quién le importaba si yo iba o dejaba de ir a clase? No era santo de devoción de mis profesores y menos aún de mis compañeros de clase.
Tenía unas ganas terribles de hacerme mayor, poder huir de ese pueblo, desaparecer.
Era mi cumpleaños, nadie se acordaría, pero yo iba a hacer lo que me viniera en gana…para empezar, me tomaría el día libre, pasearía por el bosque, luego tomaría el autobús hacia el pueblo más cercano y pasaría la tarde mirando escaparates, quizás me compraría un helado enorme también. Lo que sea, lo que yo quiera.
Me incorporé , me expulsé la tierra del pantalón y deshice el camino hacia la parada de autobús.
Cuando anduve unos metros creí escuchar un chasquido en medio del bosque. Sabía que no debía entretenerme, era un lugar peligroso, un camino de tierra abandonado por el que quizás hacía años que nadie pasaba y sólo la maleza era testigo de lo que allí pudiera suceder.
Al acercarme a unos arbustos atisbé a lo lejos una sombra en movimiento, corrí hacia ella abriéndome paso entre las zarzas que me arañaban los brazos desnudos.
Quedé petrificada cuando vi ante mis ojos, la silueta de un perro zarandeándose bruscamente, tratando de zafarse de la cuerda que le oprimía el cuello. Alguien lo había intentado ahorcar.
Me acerqué al animal, que no paraba de lloriquear y respirar agitadamente. Traté sin éxito quitarle la soga del cuello, pero pesaba demasiado para mí y sus pezuñas me arañaban intentando cogerme, agarrarse a la vida de algún modo. Sus ojos desorbitados me pedían ayuda y yo, yo sólo me podía sentir impotente y con ganas de salir corriendo de allí. Cansada de forcejear decidí acabar con la vida del animal. Intenté apretar más la cuerda, oprimirle el cuello hasta asfixiarlo del todo, pero me fue imposible lograrlo. Sus gemidos se volvieron más y más fuertes y retumbaban en mi cerebro. El dolor y la angustia que tenía que sentir ese perro era insoportable. Lejos de calmarme para poder pensar, sentí dentro de mí un instinto arrollador, unas ansias increíbles de acabar como fuera con la vida del can. Sin apenas darme cuenta ya tenía en mis manos una piedra con la que golpeé repetidas veces su cabeza mientras gritaba sin parar. Me sentía como una bestia desatada, fuera de sí.

Seguí golpeándolo, destrozándole el cráneo, haciendo caso omiso a los borbotones de sangre que salpicaban mi blanca camiseta. El perro hacia ya mucho rato que dejó de sufrir, pero yo seguía inmersa en la idea de acabar con él, machacarlo hasta sentirme satisfecha. De repente, me di cuenta de lo que había hecho, de lo que me había llegado a ensañar con la pobre bestia. Temblorosa aún por la excitación, dejé caer la piedra al suelo y observé mi obra. Lejos de llorar o arrepentirme, me sorprendí a mi misma de la extraña satisfacción que sentí. Aquel día descubrí cuál sería mi destino y por lo que viviría el resto de mis días. El placer de matar.
-1998

jueves, 20 de febrero de 2014

El último día

Era un día soleado 
Era por la tarde y la navaja 
reflejaba el cielo como un espejo.
Las toallas del baño eran blancas como la tina y mis muñecas
eran blancas como las toallas.
El agua del baño se templó.
La primera hora de la tarde se convirtió en la última,
Y yo seguía introduciendo sogas de aire en mis pulmones como un marinero.
La navaja reflejaba la puesta de sol. 
El agua de la tina se quedó fría.
Las toallas del baño eran blancas como la tina 
Y mis muñecas eran blancas como las toallas.

-1998

Las mejores amigas

19 de marzo de 1986 – 7:50 am Desperté como todas las mañanas en el campamento de Arizona, era un día extraño, poco soleado y todo lo que escuchaba eran ruidos muy fuertes y un fuerte dolor en mi ojo. Me encontraba en la cafetería, mientras me encargaba de cuidar a los niños más pequeños del campamento. Entonces una joven de mi edad se sentó a mi lado.-          Que aburrido es tener que cuidar de estoy estorbos ¿Por qué no hacemos algo más divertido con ellos? – acerco su mano y sentí la necesidad de tomársela. -  Soy Samanta.-          Melisa. Mucho gusto. L a chica sonrió y llevándome de la mano no paro de decir cómo nos volveríamos las mejores amigas. Era una chica extraña, excesiva con la sangre y el arte. Quise interrumpirla pero seguía sintiendo la necesidad de seguirla y obedecerla.-          Ahora vamos a divertirnos un poco con estos niños… y veras muy pronto que amaras este juego… ese será mi deber. No sabía a lo que se refería hasta que fue demasiado tarde. Tomo a unos de los niños más pequeños y le inyecto un paralizante, después lo ato y para que mantuviera cerrada la boca le hizo consumir una taza de agua hirviendo. Y ahora si quede aterrada y a la vez encantada – ella era una artista en verdad -. Empezó a quemar cada centímetro de carne del niño hasta dejarlo carbonizado, después con una navaja empezó a dejar al descubierto la carne.-          ¿Sigue vivo?-          Si y ahora veras la mejor parte, el sedante se irá en unos minutos. Y así fue. El niño sin poder gritar se retorcía del peor dolor posible, pero su dolor continuaría, para acabar con su agonía vertió  un litro de gasolina en él y le prendió fuego.-          Es hermoso… como se retuerce. Ninguno de ellos tienen salvación, no se salvarán, no se salvarán, no se salvarán, no se salvarán, no se salvarán, no se salvarán… – Y seguía repitiendo mientras veía como sus ojos se volteaban. Además del miedo y las nauseas eso se sentía bien, así que no pude dejar escapar unas cuantas carcajadas. Y así siguió el día tomando niños y volviéndolos arte… viéndolos suplicar, llorar y gritar. Cuando terminamos ya era de noche; el campamento ahora era sangre y cadáveres por doquier.-          Aún no lo amas… – dijo Samanta mientras me tiraba en el suelo y me sacudía haciendo que me doliera la cabeza. – Si no lo amas tendré que obligarte a amarlo…Entonces tomó un rastrillo de jardín y empezó a atacarme, yo esquivaba y corría por mi vida, me escondí en la cocina y pensé hasta en tomar unos guantes de hule los cual utilicé para tomar unos de los cables de corriente; me paré detrás de la puerta y esperé hasta que un cuchillo empezó a perforar la puerta. Entonces entró y nos miramos una a la otra, ella estaba llorando.-          ¿Por qué no puedes amarlo? Solo quería a una amiga con quien ser yo misma… solo quería a alguien que me entendiese…-          Esto no tiene que ser así, solo ven conmigo y olvidémonos de esto… – dije mientras le ofrecía mi mano y soltaba mi arma eléctrica.-          No, ya es muy tarde. Luego colocó el mango de madera del cuchillo en la pared dejando la navaja a centímetros de su cabeza.-          Espero… que… con… esto… aprendas a amarlo… por…que… es… mi… destino… – dijo dividendo cada palabra para que la entendiese. Entonces empezó a envestir su cabeza contra el cuchillo una y otra y otra y otra y otra vez hasta que cayó al suelo y la sangre se derramaba en el suelo. Entonces supe a que se refería; la sangre, el dolor, el placer de matar a alguien eso era lo que quiso decirme, la muerte es simple, después curioso y luego hermoso… Pero ya no podía moverme todo estaba rojo y unas voces me llamaban.“El noticiero de las ocho le quiere informar una noticia muy trágica para el campamento de Arizona. El 19 de marzo de 1986 a las 5:00 am, la cuidadora de las cabañas infantiles, Melisa Gordon, fue mordida por una serpiente causándole un profundo coma después de una hora. Las autoridades confirman que el año pasado la joven Samanta Daniels, una paciente con esquizofrenia y desórdenes mentales del hospital psiquiátrico también fue mordida por una serpiente desmallándose y rompiéndose el cráneo con un cuchillo con el cual intento utilizar para defenderse. Gracias a esto el campamento será cerrado hasta nuevo aviso. Esperamos que el coma no haya causado problemas mentales a la joven Melisa, se espera que despierte dentro de dos semanas.”
 -1998

miércoles, 19 de febrero de 2014

El primer beso

Primer beso.
Soy una chica tranquila, siempre lo he sido, nunca he tenido problemas con nadie-que yo recuerde- tengo algunas amigas, no me junto mucho con los hombres, tal vez esa es una de las causas por la cual nunca he tenido novio… ni tampoco he dado un beso. En mis 15 años de vida no he salido a muchas fiestas… se puede decir que nunca he hecho alguna locura, siempre que sentía ése especie de impulso para hacer alguna maldad, por muy pequeña que fuera me la reprimía “no, está mal, no debo hacerlo” me decía a mí misma, así calmaba mi adrenalina la que sentía que poco a poco se acumulaba en mi interior, sabiendo que algún día explotaría.
Siempre a principio de año me empezaba a gustar un niño, lo miraba de lejos pero él nunca se fijaba en mí, así pasaba todos los años y en todos me gustaba alguien diferente esperando a que este sí se fijara en mí.
Cierto año comencé a fijarme en un chico, lo conocí a principio de año, era el amigo de una amiga de otro curso, con el tiempo comenzamos a hablar nos volvimos amigos-mi primer amigo hombre cercano- lo empecé a conocer mejor y me comenzó a gustar. Me tenía confianza, era muy simpático y muy tierno conmigo, incluso prefería pasar recreos conmigo que con sus amigos, lo que me hizo pensar que yo también le podía gustar-¡Por fin! ¡Por fin alguien que me gustaba se fijaba en mí!- pero no había nada confirmado. Una vez me confesó que nunca había tenido novia y que tampoco había dado un beso, me conmovió porque sentía lo mismo que yo.
A final de año pasábamos mucho tiempo juntos, me gustaba mucho pero aun no me atrevía a decírselo, aunque la mayoría ya se había dado cuenta… menos él. Una vez estábamos conversando por Facebook –era la última semana de colegio y yo estaba desesperada pensando cómo decírselo- y de la nada me escribió “eres linda”, entonces le escribí de vuelta “gracias, tú también” y él me respondió “en serio? xD” y entonces le conteste “sí, me gustas” era la única forma de declararme, en persona no me hubiera atrevido, “tú también me gustas” me contesto, mi corazón comenzó a latir muy fuerte y sentí que una alegría desbordante se apoderaba de mí, quería saltar de alegría… pero no… me calme me controle y solo me digne a sonreír-aun estando sola en mi habitación- no imaginaba como lo haría mañana, como podría verlo a la cara, como controlaría mi impulso por correr abrazarlo y besarlo, sabía que si lo hacía me verían raro, pero si no ¿Qué creería él?. Al día siguiente lo mire de lejos y él se acercó a mi sonriendo-yo tampoco pude evitar hacerlo- me llevo a un rincón algo más privado y dijo que le confirmara en persona lo que el día anterior le había confesado por Internet, lo hice y él también lo confirmo, lo mire, quería besarlo pero me daba miedo, no sé por qué, no por mi sino por él, era una sensación extraña y no muy agradable pero la ignore.

Durante los últimos días de clases pasábamos de la mano, aun no nos besábamos, decidimos juntarnos un día cuando saliéramos por fin de clases. Ese día llegue, nos encontramos, caminamos un rato de la mano hasta llegar a una plaza alejada donde casi no circulaba gente, nos sentamos en el pasto, nos abrazamos y conversamos un rato. Hasta que en un momento ambos quedamos en silencio y nos miramos ¡Me robo un beso! Un corto beso que me llevo a robarle yo uno, y otro, y otro, y otro más, era la sensación más rica que había sentido en toda mi vida, no quería parar de besarle, de apretar sus labios con mi boca, sus jugosos y carnosos labios. Sentí esa adrenalina, la que siempre había sentido, que aparecía cada vez que quería hacer algo malo, pero esta vez no pude reprimirla y se apodero de mí, todos estos años guardándola en mi interior provocaron que explotara en algo mortal. No pude detenerme, él trato de alejarme, lo estaba dejando sin aire, sin poder respirar, cada vez apretaba más sus labios, los mordía fuerte, eran tan deliciosos, sentía que quería comerme sus boca, mordí tan fuerte sus labios que llegaron a sangrar y él trato de gritar y de empujarme pero no pudo, mi adrenalina era tal que lo tenía atrapado entre mis brazos, abrazado entre mis garras, esa sangre de sus labios me éxito más, lo mordí más fuerte, desgarre la carne de sus labios , esos exquisitos labios, los mastique sabrosamente mientras él gemía terriblemente de dolor, moviendo su lengua desesperada mente tratando de lograr concebir un palabra ”¡Suéltame!”, la mordí fuertemente y se la estirpe de su boca, chorreaba la sangre de su garganta a la vez que un último grito desgarrador salía de ella, era tan deliciosa, húmeda y carnosa, su sangre brotando de la carne colgante de su boca muerta, estaba tibia aun, la bebí, la mordí para beber más de la sangre de quien por fin se había fijado en mí, era tan delicioso sentir su sangre desbordante en mi boca, boca chorreada de la sangre de quien tanto me había gustado… ¡Por fin! ¡Por fin había dado mi primer beso!

-1998